Un reportaje cuyos protagonistas son las personas que viven (o sobreviven) en Gaza, después del último episodio bélico, aunque más que guerra, se podría considerar un genocidio por episodios. Almas hechas añicos, como sus casas. Vidas destrozadas. Pequeños y pequeñas que en 6 años han vivido tres ofensivas bélicas, que han acabado por descorazonar, aún más, un pequeño rincón de Oriente Próximo que, desde hace siete décadas, busca una salida a un laberinto que unos y otros se empeñan en enmarañar, en lugar de despoblar de maleza esa jungla de miedos y odios.
Gaza vive bloqueada. Ahora sobrevive, además de bloqueada, destruida. Gaza no tiene agua corriente, ni electricidad más que seis horas al día. Las escuelas están superpobladas. Se necesitan escuelas. Se necesitan hospitales. Los bombardeos del ejército israelí han ido acabando con edificios públicos, como hospitales, escuelas de la UNRWA, (Agencia Europea de la ONU para los Refugiados).
Las miradas de los niños han perdido la ilusión. En sus ojos no hay infancia. Aunque quieren seguir jugando y riendo. Quieren seguir siendo niños. Acuden a las escuelas. Pero en sus miradas queda el dolor que han sufrido desde que nacieron, la orfandad, el duelo de sus madres, el odio de sus hermanos... La incomprensión de aquellas criaturas que desde que nacen ven cómo, día tras día, sus familias dependen de la ayuda internacional de ONG´s e instituciones supranacionales para poder comer.
Las miradas de los niños han perdido la ilusión. En sus ojos no hay infancia. Aunque quieren seguir jugando y riendo. Quieren seguir siendo niños. Acuden a las escuelas. Pero en sus miradas queda el dolor que han sufrido desde que nacieron, la orfandad, el duelo de sus madres, el odio de sus hermanos... La incomprensión de aquellas criaturas que desde que nacen ven cómo, día tras día, sus familias dependen de la ayuda internacional de ONG´s e instituciones supranacionales para poder comer.

Se han cansado de vivir entre ruinas. Se han cansado de vivir entre bombardeos. Las viudas no quieren oír hablar de que Hamas ha ganado. Ni de que la ANP (Autoridad Nacional Palestina) busca una salida a la situación de una franja superpoblada. Las viudas no quieren ni oír hablar de altos el fuego, quieren PAZ. Y denuncian las atrocidades. ¿Quién gana en una guerra? se preguntan una madre viuda. En este caso, la guerra se lleva por delante, no solo la vida de aquellos a los que alcanzan la metralla y las balas de los soldados o milicianos, sino también la esperanza de un pueblo que merece dejar de sufrir. Huidos en una carrera por la supervivencia, los jóvenes se aventuran a embarcarse en un viaje a ninguna parte, para salir de Palestina. Morir. Encuentran la muerte en un naufragio. Ellos también son víctimas de un conflicto asimétrico, entre un poderoso estado militar y una facción, con muchos apoyos en la Franja de Gaza sí, pero cuando no te queda nada que perder, te encomiendas a la ¿incomprensión? de una reacción armada a cualquier acción ofensiva del Estado de Israel.
Por eso, cuando dejamos de ver en los informativos un conflicto, éste no ha acabado, solo ha dejado de ser noticia. Quedan las secuelas, quedan los escombros, la reconstrucción, las vidas no vividas. No ha acabado el conflicto, todo lo contrario. El último episodio de esta guerra, solo ha sembrado las malas semillas de otro futuro enfrentamiento. Porque no habrá paz mientras no haya voluntad de diálogo. No habrá paz, mientras no haya justicia, y no habrá justicia mientras no haya igualdad. Y en este conflicto, no hay igualdad. Una población que en un 80 % vive bajo el umbral de la pobreza. El paro juvenil supera el 50 %. Las escasas industrias que existían en Gaza han sido destruidas. Solo les queda la solidaridad internacional y esa dura coraza que se han labrado las gentes de Gaza. Desconfianza. Desilusión. Desesperación.
Ya no queda lugar para el lamento, ni para la condena. Falta voluntad. Urge un levantamiento del embargo de Israel sobre la Franja de Gaza. Se necesita que dejen pasar los camiones cargados de cemento, supervisados y controlados por las autoridades o por organismos internacionales. Pero que dejen a los gazatíes reconstruir sus casas. Sus vidas, llevará más tiempo. Los edificios se volverán a levantar, los sueños arrebatados, no. Las vidas desaparecidas no se recuperarán. Solo les queda caminar, unidos. Y eso tampoco lo consiguen. Se necesitan escuelas. Serán un buen sustato para sembrar futuras buenas semillas. Los frutos serán óptimos. Pero hay que regarlos. Y no tienen agua, ni potable, ni para regadíos. Los depósitos también fueron destruidos. Y los recursos hídricos están bajo control israelí.
Gaza no tiene nada. Solo queda rabia, dolor e impotencia. Justo lo que sobra.
Además, el invierno se acerca. La época de lluvias hace estragos. Sin techo, sin recursos, sin posibilidades, e inundaciones. Aguas que no se podrán canalizar. Aguas que irán a parar al mar...
Además, el invierno se acerca. La época de lluvias hace estragos. Sin techo, sin recursos, sin posibilidades, e inundaciones. Aguas que no se podrán canalizar. Aguas que irán a parar al mar...
Atrapados en Gaza. Reportaje completo: http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/en-portada/portada-atrapados-gaza/2878775/?media=tve


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