5 Feb 2014

La Guerra sacará lo peor de nosotros


Uno no elige cuándo nacer, tampoco dónde hacerlo. Somos víctimas de un caprichoso destino, que deciden por nosotros, de manera aleatoria a veces, otras concienzudamente pensada, pero siempre, no escogida por los que nacen.

Esta pequeña reflexión, que sirve para cualquier tiempo, en cualquier lugar, me sirve para introducir un tema histórico muy manido, pero no por ello vacío y explotado de todas las maneras posibles. No será la última vez que nos enfrentemos a una película, o serie bélica basada en la II Guerra Mundial, pero sí es la primera vez, que al menos yo, veo un film desde una óptica tan diversa, desde el lado alemán. Con implicados necesarios, como los polacos, y los propios soviéticos (ucranianos y rusos). Reposadamente, con una explicación lineal de los hechos presentados, con cronologías, acompañadas de imágenes reales, nos relata las fases de la guerra con sobriedad, pero sin artefactos, ni trampas cinematográficas, ni giros efectistas de guión que te atrapen. Te engancha por sí sola, porque la calidad y el trabajo bien hecho, no necesita de ilusionismos que nos desvíen la atención para mantenernos boquiabiertos. Unsere mütter, unsere väter (Hijos del Tercer Reich) forma parte del cine alemán que no es condescendiente con nadie. Que no se lame las heridas, que escarba en lo más profundo del subconsciente colectivo alemán que cerró una etapa de manera contundente, condenando el nazismo, pero pagando los propios alemanes hijos de esa Guerra, las consecuencias (y que terminaron de pagar el pasado año) económicas de la guerra. Hay actos que no se pueden recompensar, ni se puede volver atrás, ni siquiera para arrepentirse, porque eso no devolverá a Europa, ni al mundo, lo que la Guerra le arrancó. Lo que las guerras le han arrancado. Precisamente esta resurrección del pueblo alemán, es la que ahora los hace fuertes. Levantarse de dos guerras mundiales concentradas en apenas 30 años, está al alcance de pocos pueblos. Eso ennoblece al trabajador y castigado pueblo alemán. Es de admirar.


Centrando la cuestión en lo estrictamente cinematográfico, como referencia y apoyo visual para los estudios de la II Guerra Mundial, he de decir que me ha llamado poderosamente la atención, lo conseguidas que están muchas escenas de acción en plena batalla, para conocer de cerca cómo sería la guerra. Escenarios naturales y recreaciones de esas ciudades arruinadas, destruidas por proyectiles de todo tipo, y fuegos cruzados entre rusos y alemanes. Realismo que se palpa hasta en el sonido que produce el estallido de una granada junto a un soldado, el aturdimiento y la sordera momentánea, cuando de repente, piensas, qué sentiría un joven de apenas 20 años que se alista en el ejército nazi, convencido del discurso imperialista y triunfador de un Adolf Hitler, que siempre estaba presente en cualquier conversación de esos militares que confiaban ciegamente en su führer que les guiaría a la victoria final dominando una Europa bajo las garras del comunismo, y de esos parásitos que habían contaminado la pureza alemana, y los había llevado a la crisis y la depresión sufrida: los judíos. No hay nazismo sin judíos, ni holocausto sin enemigos a quien exterminar: no hay guerra sin enemigos. Pero cuando los enemigos están dentro de tu propia nación y son tus propias contradicciones internas, las que te obligan a plantarte y reflexionar sobre el papel que estás ejerciendo, que te ha tocado vivir, porque es lo que se espera de ti en tu casa, sin estar convencido, sin ni siquiera tener la certidumbre de que lo que se te ha encargado, como buen alemán, va contra la propia Alemania.

No sin cierto maniqueísmo en la manera de presentar algunos personajes, algo puntual, necesario, tal vez, el director de la impactante Unsere mütter, unsere väter, (literalmente, Nuestras madres, nuestros padres), Philipp Kadelbach, intenta evadirse de lo que tenemos asumido, y nos presenta la Guerra desde dentro, desde el punto de vista y la experiencia vital de cada uno de los cinco amigos que se encuentran en Berlín en 1941 para despedirse antes de que dos de ellos, los hermanos Winter, se marchen al frente ruso a luchar y acabar con la Guerra antes de Navidad. Greta, una joven aspirante a estrella de la canción, la nueva Marlene Dietricht quería ser; Charlotte, una aprendiz de enfermera que marcha al frente a curar a los soldados alemanes, enamorada del teniente Wilhem, el mayor de los Winter. El orgullo del padre, mientras que el menor, Friedhelm, prefería cultivar su mente con lecturas más profundas, que son las que posteriormente le ayudan a desarrollar su papel; Viktor Goldstein es el último de los protagonistas de esta historia dividida en tres capítulos. Viktor y Greta son pareja. Pero él es judío, hijo de un sastre, que perdieron su taller durante "la noche de los cristales rotos" Un problema que no es tal para ellos, conscientes del riesgo que supone. Ellos se cubren, se defienden. Son alemanes, son amigos. ¿Qué problema habría? Tener que renunciar a tu identidad para sobrevivir, imagino que sería lo que la mayoría de nosotros podríamos hacer llegado el caso. No por ello se deja de ser valiente. 

Porque "la guerra sacará lo peor de nosotros", como dice Friedhelm WInter. La historia de los cinco amigos, hijos del Tercer Reich, está repleta de reflexiones, de sentimientos encontrados, de compañerismo, de odio, de ceguera, de superficialidad, egoísmo, de dudas existenciales, entre el deber y la voluntad. El ser humano es hijo de la época en la que vive, para bien o para mal. Son víctimas de una mentalidad y una educación que daría para un análisis al margen. Los cinco se enfrentan a su peor enemigo: sus conciencias. En otra reflexión tremenda de Frieldhem espeta: "Héroes hoy, cerdos mañanas. Éramos héroes, somos asesinos"

"Al principio peleas por tu patria, después, durante la guerra, peleas por tus compañeros"

                                              

 



No comments:

Post a Comment