Anoche, en La Sexta, pudimos ver el programa llamado "Operación Palace", dirigido por Jordi Évole. Fue Trending Topic en Twitter (lo más comentado en la red durante la noche del domingo, y buena parte del día de hoy). Jordi Évole reunió a más de cinco millones de personas delante de la televisión, para ver una novedosísima lectura de lo que ocurrió aquel 23 de febrero de 1981. En un formato televisivo no conocido en este país. Lo que ha hecho enfurecer a los puristas y ha sembrado el debate.
Todo aquel que tenga cierta memoria, puede acordarse de las cientos de veces que hemos visto las famosas imágenes de Tejero entrando en el Congreso, al grito de "Quieto todo el mundo". Algunos recordarán cómo tras los disparos al aire, todos se tiraron al suelo, bueno todos no. Todos menos tres hombres presentes en aquél entonces en el Congreso: Santiago Carrillo, Adolfo Suárez y Gutierrez Mellado. Sabemos que esto fue el 23 F. El año, algunos lo recordarán, otros no; 1981. A Tejero todo el mundo lo recordará, a Armada quizá también, a Milán del Bosch, solo unos cuántos. De Juan Carlos de Borbón también se acordarán, con ese discurso institucional pronunciado durante la noche del fallido Golpe de Estado. Pero la pregunta que no sé si se habrá hecho mucha gente es ¿por qué? ¿Por qué se produce este intento de Golpe de Estado en un país joven, recién nacido como nueva democracia tras casi 40 años de dictadura?
Las mentes más inquietas, incluso habrán reparado en preguntarse quién anduvo detrás de ese intento, y qué intenciones había, más allá de la versión conocida de los hechos hasta la fecha.
Todos los hechos conocidos y dados por sentados hasta anoche se vieron dinamitados por un programa a modo de documental que nos presentaba el intento de Golpe como algo orquestado y ficticio. Hasta ahí bien. No es tan descabellado. Orquestado, seguro. ¿Ficticio?
Sabemos quiénes estaban detrás de una oposición feroz a Adolfo Suárez, hasta el punto de hacerle imposible su gobierno y obligarle a dimitir. Esto quizá haya quedado en un segundo plano tras la imagen de Tejero en el Congreso. He aquí una de las imágenes más famosas de la Historia del siglo XX español, a la altura de aquella de Cappa, del guerrillero abatido en Cerro Muriano, durante la Guerra Civil.
Pero, ¿y si la realidad superara la ficción?

El hecho es que los propios acontecimientos históricos que preceden al intento golpista, dan para una investigación mucho más profunda y dejan vía libre a la interpretación de lo que se coció aquellos años, sobre todo desde finales de los 80, hasta el día 23 de Febrero del 81. Ese "ruido de sables" del que se hablaba en la España de una Transición inacabada, (¿ha acabado hoy?), inamovibles, nostágicos del régimen, militares poderosos que se sentían traicionados por un presidente, joven falangista, camisa azul, que dirigió la política de este país, con mucha mano izquierda, haciendo enemigos por doquier. Un presidente que legalizó al Partido Comunista ( ganándose más animadversión de los sectores más derechistas), posibilitando la España de las Autonomías que tantos quebraderos de cabeza a los defensores de un centralismo obtuso e intransigente. Factores que desencadenaron en esa "traición" que se le preparó desde varios ángulos a Adolfo Suárez. Desde Zarzuela, desde el PSOE, desde los cuarteles militares, etc. Y solo, en la encrucijada, se le preparó el terreno para dimitir. La ceremonia de investidura del nuevo presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, se fijó eñ 23 de febrero- Ése era el día señalado para orquestar el cambio en España, la involución, la vuelta atrás. Para ello, militares como Armada, el propio Milán del Bosch, necesitaban de un brazo ejecutor. Un Teniente Coronel de la Guardia Civil, de los de tricornio y bigote, paradigma del Guardia Civil de antaño, en la persona de Antonio Tejero. Todo listo.
Grosso modo se puede resumir así, de manera simplista lo que pasó en esos días convulsos de finales de 1980 y principios de 1981. Pero no tenemos certezas, no hay documentos que hayan visto la luz. Siguen clasificados. Deben pasar 50 años para poder ser desclasificados. Hasta 2031 no se podrán conocer otros entresijos de la historia, de una parte de la historia de este país, que sigue sumida en un paso para delante, y otro paso para atrás.
Ayer, Jordi Évole le dio otra vuelta de tuerca a una historia que creían, creen, o creemos que creen, la mayoría de españoles. Los hay que ven en la figura del monarca cierta connivencia con los golpistas, otros que le otorgan el papel de salvador de la democracia (la mayoría), otros que piensas que la figura llamada Elefante Blanco, es el propio Jefe del Estado, otros que no creen en teorías conspiranoicas, etc. Pero como digo, Jordi Évole hizo un experimento. Realmente fue eso: un experimento. ¿Cómo reaccionamos ante lo que nos cuentan en la televisión? ¿Nos creemos todo lo que nos cuentan? ¿Qué papel juegan las redes sociales en la actual manera de comunicarnos y comentar en tiempo reral desde noticias a programas de este tipo? Este experimento ha sido polémico. El resultado, sin querer reventar el programa, ha sido por una parte exitoso porque se habla de ello, y por otra parte, torpedeado y duramente criticado. Con los sentimientos de tanta gente no se juega. ¿Acaso no juegan con nosotros a diario?¿Acaso es menos ficción lo que nos cuentan en los informativos?, o mejor dicho ¿acaso no manipulan las informaciones y tapan lo que no se quiere que se sepa?, ¿es Jordi Évole un héroe o un villano?, ¿afán de protagonismo?. El caso es que casi todo el mundo vuelve a hablar del 23 F, y todo gracias al programa de Évole.
Javier Cercas, escribió hace algunos años un ensayo titulado "Anatomía de un instante", en el que analiza precisamente esta cuestión. El instante es el momento justo en que se produce la irrupción en el Congreso de los Diputados de los guardias civiles que perpetran el Golpe. Se ve la imagen impertérrita de Adolfo Suárez en su escaño.
Una imagen analizada, desmigajada, diseccionada con la pluma de un buen escritor, que desentraña los misterios que se esconden tras este episodio, y que da luz a algunos recuerdos oscuros de nuestro pasado reciente. Analizando las imágenes de los archivos de RTVE, y bien documentado. Cercas, intenta desenmascarar qué hay detrás del Golpe, ¿quiénes y por qué?.
Después de leer el libro, te puedes hacer a la idea de lo que se pudo cocer en esos días. Hablando con mi padre, memoria viva en esos años no quieren creer en teorías conspiranoicas, ¿o sí, pero no se atreven?
Llevar la contraria al pensamiento único y unidireccional, ha estado mal visto, siempre. Ahora y antes. Y ponerse la medalla del "ya lo sabía yo", cuesta muy poco cuando te lo presentan en bandeja de plata. Pero para llegar a ello, nos hace falta un elemento importante de la que carece, por lo general el pueblo español en su condición de cainista: sentido crítico, condenar y aparcar la dictadura y mirar para adelante, una vez se haya reparado todo el daño causado. Una vez que la llamada Memoria Histórica haya sido reparada. Cuando se desentierren a los muertos de la Guerra Civil de las cunetas y se les honre como merecen. Cuando hablar de ello, no suponga un cisma y un establecido y autoaprendido para repetir el Eso pasó hace muchos años y hay que mirar para delante. Lo pasado, pasado está. Pues no. No se podrá avanzar si no se cimienta bien el edificio. Y nuestro edificio, la llamada democracia tiene carencias. Nuestra Constitución es producto de una cierre de filas en torno a una unidad ficticia que se acordó entre todas las fuerzas políticas por el bien de todos, con mucho esfuerzo y sacrificio, acuerdos entre derecha, Centro e Izquierda. Un consenso impuesto, sí, en forma de Constitución. Que fue llevada a las urnas y que fue sufragada por los españoles de aquel entonces, con la esperanza de cerrar aquellos tiempos tan oscuras y abrir una ventana a la esperanza. No fue mal. O eso se cree. Ahora, pasados 35 años. Se ve que sí no fue mal, tampoco es una fórmula infalible y que toca avanzar, de verdad. Y para ello, revisar lo que ocurrió, cerrar heridas, de todas las profundidades y tipos. Sutura y ya cicatrizará, pero bien, sin poner vendas que harán que la herida vuelva a sangrar. En España no hemos cerrado un episodio cuando tenemos otro en marcha. Y tales desmanes que vemos a día de hoy son producto de que algo hemos hecho mal durante las últimas décadas. Aunque sea de manera retórica, se necesita una condena unánime, primero de la sublevación contra la II República, después del Franquismo, y por último del intento golpista. Hay algunos, ya van quedando menos, las ideas se van a la tierra con sus dueños y portadores de ellas, pero aún hay reminiscencias de ese "ruido de sables", que en el momento en que vienen mal dadas, sale a colación enseguida. Y eso es preocupante.
Y yo, que admiro al pueblo alemán, digo: Benditos alemanes. Han perdido dos guerras y se han recuperado de las dos. Y además, han condenado el nazismo, y no ha vuelto a haber un atisbo de condescendencia ni nostalgia de un régimen que hizo tanto daño. A escala local, el nuestro, nuestro Franquismo, hizo mucho daño. ¿El 23 F fue el último atisbo? ¡Ojala!
Al final de todo esto queda la misma pregunta que al principio. ¿Por qué? ¿Quién estaba detrás de todo este ruido de sables y con qué intención? ¿Cuándo sabremos qué pasó el 23 F? ¿Quién fue el Elefante Blanco?

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